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viernes, 20 de marzo de 2015

Los otoños de Mario Benedetti

OTOÑO
Aprovechemos el otoño
antes de que el invierno nos escombre
entremos a codazos en la franja del sol
y admiremos a los pájaros que emigran
ahora que calienta el corazón
aunque sea de a ratos y de a poco
pensemos y sintamos todavía
con el viejo cariño que nos queda
aprovechemos el otoño
antes de que el futuro se congele
y no haya sitio para la belleza
porque el futuro se nos vuelve escarcha
*
En el año el otoño es un sosiego
y es la más suave de las estaciones,
en ella se perdonan los perdones
y renace el anhelo solariego.

El otoño no tiene sol de fuego
ni turbas ni dramáticas visiones,
los dolores se van de vacaciones
y la brisa en las tardes es un juego.

En el otoño pasa la jornada
lentamente/con calma/con olvido
y con la mente bien despabilada

digamos que en la paz está la clave
del ocio saludable y compartido
porque el otoño es éso/vida suave .

lunes, 2 de marzo de 2015

Ausencias, por el maestro Benedetti


En mi viejo catálogo de ausencias
algunas todavía me estremecen
compañeros y compañeras de ansias
de abrazos de peligros compartidos
ya no estarán irremediablemente
es como si su sangre regalada
corriera solidaria por mis venas
en busca de mi búsqueda tenaz
y así vivo muriendo
mientras el tiempo corre como un río

unos quedaron desaparecidos
otros aparecieron en sus huesos
sus palabras siguieron resonando
como si todavía nos nombraran

qué podemos hacer con las ausencias
es imposible defenderse de ellas
están ahí deshilachadamente
cual fantasmas sedientos de vivir
o crepúsculos huérfanos de noche

no hay rescate posible para las ausencias
uno sigue con ellas en la mano
y sabe que no puede abandonarlas
el mundo fue creado con ausencias
y allí estarán hasta que en un descuido
también uno pase a ser ausente.

*

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora qué miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que dios se muere, se resbala,
saber que dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

*

Las cosas que nos faltan, cuántas cosas. Las que quedaron en el camino o nunca accedieron a él. Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de las ausencias.
Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aun en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados.
Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria. Ellos nos cuentan su impiadosa sobrevida, aunque, eso sí, marcando siempre su territorio, que es sólo invierno.
Su exilio tan pasivo, tan inerte, no está consolidado. Con su martirio, nos martirizamos, quizá porque sabemos que todo eso acaba en un opaco despertar. Viene entonces la fase de ojos abiertos, también llamada insomnio. Allá arriba esta el cielo raso, con la araña de siempre en su rincón de redes. Nos faltan manos para acariciar, labios para besar, cintura que estrechar, cuerpo que penetrar. Todo es ausencia.

miércoles, 11 de febrero de 2015

El maestro Benedetti, señales...

Señales

En las manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento

si los sueños y ensueños
son como ritos
el primero que vuelve
siempre es el mismo

salvando muros
se elevan en la tarde
tus pies desnudos

el azar nos ofrece
su doble vía
vos con tus soledades
yo con las mías

y eso tampoco
si habito en tu memoria
no estaré solo

tus miradas insomnes
no dan abasto
dónde quedó tu luna
la de ojos claros

mírame pronto
antes que en un descuido
me vuelva otro

no importa que el paisaje
cambie o se rompa
me alcanza con tus valles
y con tu boca

no me deslumbres
me basta con el cielo
de la costumbre

en mis manos te traigo
viejas señales
son mis manos de ahora
no las de antes

doy lo que puedo
y no tengo vergüenza
del sentimiento.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Dos poemas inéditos de Mario Benedetti


Los manuscritos de "Esperas" y "Miedo y coraje" se habrían traspapelado en un libro que perteneció al escritor.

El poema tiene algo de profético "Uno sigue esperando / sin responder a nadie / entre otras cosas porque / las sombras no preguntan / uno estira el silencio / abandonado y torpe / con los ojos abiertos / y la esperanza inmóvil"... Se llama Esperas, lo escribió Mario Benedetti aunque jamás lo publicó y casualmente debió esperar casi diez años para salir a la luz y emerger del silencio. Escrito a mano, en una hoja suelta de un anotador, apareció en febrero de este año junto a otro inédito "Miedo y coraje", en España, dentro de un libro personal del autor de La Tregua, fallecido en mayo de 2009.
Entre las páginas de Insonmios y Duermevelas los encontró la bibliotecaria de la Universidad de Alicante María José Gimenez, según reveló el diario El País de Madrid. A esa universidad, que alberga el Centro de Estudios Iberoaméricanos, Mario Benedetti, el escritor uruguayo legó en 2006 los seis mil ejemplares que componían su biblioteca personal en la capital española. Durante el proceso de revisión y catalogación, aparecieron los dos poemas.
Un hallazgo de gran trascendencia. Así lo calificó Eva Valero, directora del centro, quien junto al investigador José Carlos Rovira comprobó que la letra manuscrita correspondía a la del escritor. Luego de revisar la prolífica bibliografía de Benedetti, ambos confirmaron su primera impresión: los dos poemas eran inéditos.
Jamás se habían publicado, pero los dos académicos descubrieron que "Miedo y coraje" sí había sido recitado por el propio Benedetti en Buenos Aires. Fue el 23 de abril de 2002, el autor tenía 81 años y había venido a esta ciudad en el marco de la Feria Internacional del Libro. Durante su estadía, Benedetti aprovechó para presentar su flamante Insomnios y duermevelas que reune una serie de poemasy el cuento "Túnel en duermevela", que cierra el libro. Lo presentó en un colmadísimo auditorio del Malba. Esa tarde según consta en la crónica del día del diario La Nación, Benedetti recitó los versos de "Miedo y coraje" (El miedo y el coraje son gajes del oficio / pero si se descuidan los derrota el olvido / El miedo se detiene a un palmo del abismo / y el coraje no sabe qué hacer con el peligro...)
Los investigadores aventuran que Benedetti habría guardado los dos poemas en el el libro, que viajó desde Buenos Aires a las presentaciones en Madrid, en julio, y en Alicante, en octubre. "Este itinerario permite conjeturar que posiblemente Mario Benedetti leyó uno de esos poemas, no publicados, en Buenos Aires y luego lo llevaría dentro de uno de los ejemplares de "Insonmios y duermevelas"
que dejaría en su biblioteca de Madrid, que luego donaría a la Universidad de Alicante", explicó Valero.
Los académicos encontraron que en la vasta obra de Benedetti que incluye más de cuarenta poemarios, existe un poema titulado "Coraje y miedo", aunque es totalmente diferente al del flamante hallazgo. Además señalaron que en "Inventario tres" hay otro poema titulado "Esperas" que tampoco tiene similitudes con el que encontraron en la biblioteca del centro de Alicante.
El 14 de septiembre de 2009, el día en que Benedetti hubiera cumplido 90 años, se presentó en Montevideo "Biografía para encontrarme", un poemario inédito, que el autor había preparado. El mismo día se lanzó, además, la antología de cuentos "A imagen y semejanza", también inédita.
La lectura en el Malba no es el único punto de contacto de esta historia con la Argentina, donde Benedetti se exilió en 1973. "Esperas" incluye también un epígrafe con dos versos del pintor y poeta argentino Enrique Molina "se oyen pasos / de alguien que no llega nunca". La espera, al menos para estos dos poemas ya terminó.

Uno sigue esperando 
sin responder a nadie 
entre otras cosas porque 
las sombras no preguntan
uno estira el silencio 
abandonado y torpe
con los ojos abiertos
y la esperanza inmóvil
el cielo está tan lejos
y la tierra tan cerca
que no vale la pena...

El miedo y el coraje
son gajes del oficio
pero si se descuidan
los derrota el olvido
El miedo se detiene
a un palmo del abismo
y el coraje no sabe
que hacer con el peligro
El miedo no se atreve
a atravesar el río.
                                                                 Clarín 4 de febrero de 2013

miércoles, 27 de febrero de 2013

Miedo y coraje

click en la foto para ampliar
El centro de estudios iberoamericanos de la Universidad de Alicante halla dos textos del escritor en su biblioteca personal que no se habían publicado

Perdidos, entre las páginas de uno de sus libros personales, han aparecido dos poemas manuscritos. De su puño y letra. Son unos versos inéditos, sin publicar, de Mario Benedetti. El miedo y el coraje son gajes del oficio/ pero si se descuidan los derrota el olvido / El miedo se detiene a un palmo del abismo / y el coraje no sabe qué hacer con el peligro / El miedo no se atreve a atravesar el río / y el coraje rechaza el mar del infinito, se lee en uno de ellos. 
El poeta uruguayo donó en 2006 al centro de estudios que lleva su nombre en la Universidad de Alicante toda su biblioteca personal de Madrid, unos 6.000 ejemplares, con dedicatorias de los principales escritores del siglo XX y algunas anotaciones manuscritas del propio Benedetti sobre sus lecturas. 
La semana pasada, durante el proceso de revisión y catalogación de este fondo bibliográfico, una bibliotecaria de la Universidad, María José Giménez, encontró unas cuartillas con dos poemas manuscritos entre las páginas de un ejemplar de Insomnios y duermevelas, el poemario que escribió en Madrid tras ser operado dos veces del corazón. 
La profesora Eva Valero, directora del Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti en el campus de Alicante, asegura ahora, tras analizar la documentación, que ha sido “un hallazgo de gran trascendencia” y de especial significado para este centro de documentación e investigación de la literatura hispanoamericana. El catedrático, José Carlos Rovira y la propia Valero comprobaron en primer lugar que la letra manuscrita correspondía a la del escritor uruguayo, y luego indagaron en toda su prolífica bibliografía para comprobar el carácter inédito de estos estos dos poemas, titulados: Esperas y Miedo y coraje. Los dos expertos en literatura buscaron entre todos sus libros y revisaron las posibles referencias publicadas. Y no encontraron casi nada. Solo hallaron una pista: el poema Miedo y coraje fue recitado por Benedetti en público, a sus 82 años, el 23 de abril de 2002 en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, según publicó en su día el diario La Nación, que reprodujo algunos de estos versos. La lectura coincidió precisamente con la presentación del libro Insomnios y duermevelas editado ese mismo año. Semanas antes había presentado su último poemario en Montevideo, y en julio hizo lo propio en la Casa de América de Madrid, junto a Luis García Montero y Joaquín Sabina. En octubre del mismo año Benedetti lo presentó en Alicante, pero no leyó ninguno de esos poemas hallados ahora. “Este itinerario permite conjeturar que posiblemente Mario Benedetti leyó uno de esos poemas, no publicados, en Buenos Aires y luego lo llevaría dentro de uno de los ejemplares de Insomnios y duermevelas que dejaría en su biblioteca de Madrid, que luego donaría a la Universidad de Alicante”, apunta Valero. Poemas inéditos de Benedetti encontrados en la Universidad de Alicante. Los poemas encontrados no están recogidos en ninguno de los cuatro Inventarios (2002 y 2006), ni en los libros posteriores Canciones del que no canta (2006) y Testigo de uno mismo (2008). Valero, que contó también con la ayuda de María Victoria Játiva, responsable de la biblioteca de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante, solo tenía pendiente revisar uno por uno los poemas que aparecieron en su obra póstuma Biografía para encontrarse (2009), que contiene más de sesenta poemas inéditos hasta entonces. Pero en este libro, según certifica Valero, tampoco figuran estos textos. No obstante, es cierto que los profesores del campus de Alicante, han comprobado que en la vasta obra de Benedetti existe un poema titulado Coraje y miedo, que comparte título pero no contenido, y también en Inventario 3 hay otro poema titulado Esperas que tampoco corresponde con el hallado en la biblioteca del campus de Alicante. 
 El Centro de Estudios Mario Benedetti de la Universidad de Alicante se nutrió en buena parte gracias a la donación de la biblioteca de Mario Benedetti, cuando por cuestiones de salud de su compañera, Luz, regresaron a Montevideo. El poeta visitó varias veces el campus de Alicante donde fue investido doctor honoris causa, en 1997.

lunes, 1 de octubre de 2012

El Montevideo de Benedetti


                                                                                                                     Diario El País -  Patricia Luna - 16 de agosto de 2012

"Al sur, al sur, está quieta/ esperando /Montevideo…". Dejo escrito Mario Benedetti. Montevideo tranquila, calma, paciente.
Hay ciudades que viven en nosotros antes de que las conozcamos, porque las recorrimos antes de verlas. Hay ciudades que destilan literatura y que nos atrapan en sus calles como lo hicieron antes las páginas de las novelas que protagonizaron.
Montevideo y Benedetti, Benedetti y Montevideo, una ecuación matemática donde no funciona la lógica pura, donde todo se mezcla y al lector/turista/espectador le cuesta entender donde se encuentran los límites. Imposible, después de leer su obra, pensar en la ciudad y en el escritor como entidades individuales.
Montevideo como escenario no solo de una novela, sino de una obra entera, en verso, en cuentos, en prosa. Montevideo como retrato costumbrista de una idiosincrasia, de un tipo de personajes especiales, los propios montevideanos. Montevideo no solo como escenario pasivo, sino también como el lugar de creación desde el que se gestan las obras. Montevideo presente, Montevideo desde el exilio. Montevideo fuera y dentro de la producción literaria de Benedetti.
Proponemos aquí un recorrido por el Montevideo del escritor y poeta uruguayo, utilizando la guía Benedetti, coordinada por la fundación del autor en la ciudad:

Ciudad Vieja

Pero está la otra ciudad (…) la de los viejos que toman el ómnibus hasta la Aduana y regresan luego sin bajarse, reduciendo su módica farra a la sola mirada reconfortante con que recorren la Ciudad Vieja de sus nostalgias” (La tregua).
Un lugar para la nostalgia, la Ciudad Vieja: edificios emblemáticos, antiguamente poderosos; institucionales, a ratos señoriales; bastiones financieros; palacios artísticos; puertos industriales; casas modestas que retienen en su digna decrepitud la belleza diferente, patios de toda la vida... La Ciudad Vieja montevideana recoge algunos de los puntos con más encanto de la ciudad, y es, sin duda, uno de los centros turísticos más vibrantes durante el día.
El recorrido pasa de manera obligatoria por el mercado del Puerto, y puntos clave de la capital uruguaya, esa capital única con sabor a provincia: la Plaza Matriz, donde se concentran restaurantes y puestos ambulantes. "Estuve un buen rato contemplando el alma agresivamente sólida del Cabildo, el rostro hipócritamente lavado de la Catedral, el desalentado cabeceo de los árboles. Creo que en ese momento se me afirmó definitivamente una convicción: soy de este sitio, de esta ciudad". (La tregua).
También está aquí la calle Sarandí, la peatonal por la que todo pasa ["Me sentí como desnudo, con esa desesperada desnudez de los sueños, cuando uno se pasea en calzoncillos por Sarandí y la gente lo festeja de vereda a vereda". (La tregua)]. O los cafés preservados en el tiempo donde se reunía la intelectualidad uruguaya del momento, como el café Brasileiro –portada de uno de sus libros–, el café Las Misiones –citado en La tregua– o el antiguo café Sorocabana, hoy reconvertido bajo el nombre Big Mamma, donde el escritor pasó tantas horas de su vida, escribiendo precisamente esa novela central de su obra, discutiendo de política y charlando con amigos.

Centro

De ahí –apenas unas cuadras, como se mide la distancia aquí– nos dirigiremos al míticoTeatro Solís, a la derecha del recorrido para, después de admirar su belleza, llegar a la plaza Independencia donde “A una muchacha el viento le levantó la pollera (falda). A un cura le levantó la sotana. Jesús, qué panoramas tan distintos” (La tregua).
Sople el viento o no, haya o no ese día panoramas destacables, desde la Plaza Independencia, donde vigila desafiante la estatua ecuestre del héroe patrio, el general José Gervasio Artigas, resulta imposible no ver en una de las esquinas el que fue en una vez el edificio más grande de Latinoamérica, de estilo art déco ecléctico, el Palacio Salvo: "monstruo folklórico (…) Es casi una representación del carácter nacional: guarango, soso, recargado, simpático"  (La tregua).
A partir de ahí comienza la avenida 18 de Julio, homenaje a la primera constitución (1830) poco después de la independencia del país, “Dieciocho”, la gran arteria de la ciudad. “Uno tiene la impresión de que aquí todos nos conocemos. Caminar por 18 de Julio es como moverse por el patio de la casa familiar" (Andamios). Diría Benedetti. Y tantos años después, sigue teniendo vigencia.
Aunque Dieciocho fue, literalmente, el patio de su casa. En el número 878 de la avenida, casi en su inicio, en un edificio que de otra manera pasaría totalmente desapercibido, se encuentra el piso donde Benedetti vivió durante mucho tiempo, y, casi más importante, donde escondió al líder tupamaro Raul Séndic, del que acabo haciéndose muy amigo y al que le dedicaría en 1971 El cumpleaños de Juan Ángel.
Un poco más adelante, todavía sin alejarnos de la eterna Dieciocho, en la esquina en que cruza con Constituyente, encontraremos también la Iglesia Metodista Central, un edificio significativo porque fue donde Mario contrajo matrimonio con Liropeya Luz López Alegre. La elección de este lugar se debió, al parecer, más que a caprichos o excentricidades varias, a que era el único que no le solicitaba certificado de bautismo.“Ibamos a casarnos por la iglesia (…) pero el cura además de católico apostólico era también romano y algo tronco, de ahí que exigiera no sé qué boleta de bautismo o tal vez de nacimiento. Si de algo estoy seguro es que he nacido, por lo tanto, nos mudamos a otra iglesia” (Poema Bodas de Perla).

Cordón y parque Rodó

Y siguiendo en el recorrido otro favorito del escritor y de sus personajes de novela, la feria dominical de Tristán Narvaja que debe su nombre a la calle en la que se ubica ["y por favor no olvides que te espero/con este corazón recién comprado/ en la feria mejor de los domingos" (Poema Irse)], una especie de Rastro de Madrid pero a lo bestia, donde uno puede encontrar cualquier tipo de objeto, especialmente antiguo, irreverente o no, que se pueda cruzar por nuestra mente.
Ahora por fin/están aquí a mi alcance/parque rambla idioma firmamento/recodos calle feria esquinas/ ya no preciso referencias" (Poema Referencias).
Ya que estamos de domingo, por supuesto, no podemos dejar de pasear por el parque más popular de la ciudad, el parque Rodó: “Los domingos (…) iban al parqué Rodó, a caminar por el borde del lago, a soportar sin comentarios, el escándalo de los chicos en la calesita" (Del cuento No ha claudicado).
Y de allí nos encontramos a tiro de piedra de uno de los barrios montevideanos más exclusivos, otro de esos que, al parecer, también tuvo orígenes humildes… “Nos mudamos a Punta Carretas, calle Ariosto, al costado de la cárcel. Precisamente esa vecindad poco esplendorosa abarataba el alquiler" (La borra del café).
Esa vecindad poco esplendorosa vende ahora a muchos dólares su metro cuadrado. Y aunque la mole rectangular que le sirve de faro en el horizonte sigue siendo de gusto dudoso, ahora ya no es un penal ["el doctor Borja no regresó, y varios meses después los vecinos de Rosales empezaron a enviarle cigarrillos al penal de Punta Carretas" (Del cuento Los astros y vos)], una cárcel de la que huir, si no que fue reconstruido en un lugar más acorde con los tiempos: un centro comercial.
En este barrio tranquilo, selecto, lleno de las mejores boutiques, con vistas al río-mar, uno puede pasearse también por el Museo Juan Zorrilla de San Martín, para conocer, a través de la casona de estilo español donde habitó, la vida del poeta de la patria uruguaya, admirado por Benedetti ["y bien atrás un viejo bajito y honorable/ siempre de traje oscuro y con barba canosa/que leía su diario y jamás me miraba (…) mi padre me dijo que ese es el poeta nacional" (Poema Tranvía de 1929)].
Para acabar el recorrido mirando a la rambla –como no–, tomamos el paseo marítimo que circunvala la ciudad y congrega a los uruguayos, donde socializan compartiendo el omnipresente mate, a orillas del Rio de la Plata, y nos encaminamos a la playa de Pocitos, desde cuyas arenas blancas podemos observar el paso de la vida (uruguaya).
nacen junto a la rambla/(…) y en la rambla se mueren/y van al paraíso/y claro/el paraíso/ es también una rambla” (Poema Los pitucos).

lunes, 24 de septiembre de 2012

Testigo de uno mismo


Montevideo quince de noviembre
de mil novecientos cincuenta y cinco

Montevideo era verde en mi infancia
absolutamente verde y con tranvías
...
eran tan diferente era verde
...
y qué optimismo tener la ventanilla
sentirse dueño de la calle que baja
jugar con los números de las puertas cerradas
y apostar consigo mismo en términos severos
...
absolutamente verde y con tranvías
y el Prado con caminos de hojas secas
y el olor a eucaliptus y a temprano
                                                                                                   
"Dactilógrafo"

                                                                               La nostalgia se escurre de los libros
                                                                                  se introduce debajo de la piel
                                                                                  y esta ciudad sin párpados
                                                                                   este país que nunca sueña
                                                                              de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire...
                                                                                           
"Noción de patria"
     
Mario Benedetti 



viernes, 14 de septiembre de 2012

Al maestro


Mucho gusto
Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis; luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.-No crea que es algo tan estupendo -dijo el Flaco-, también hay momentos de profundo desamparo en lo que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor amigo y le dije: Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mí es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar, y me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
-Oiga, don -dijo sin pestañear-, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chávez, viajante de comercio -y le tendió la mano.
-Mucho gusto -dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos-, Franz Kafka, para servirle.











Mario Benedetti

martes, 14 de agosto de 2012

La voz del maestro


Estados de ánimo


Unas veces me siento
como pobre colina
y otras como montaña
de cumbres repetidas.

Unas veces me siento
como un acantilado
y en otras como un cielo
azul pero lejano.

A veces uno es
manantial entre rocas
y otras veces un árbol
con las últimas hojas.
Pero hoy me siento apenas
como laguna insomne
con un embarcadero
ya sin embarcaciones
una laguna verde
inmóvil y paciente
conforme con sus algas
sus musgos y sus peces,
sereno en mi confianza
confiando en que una tarde
te acerques y te mires,
te mires al mirarme.


             Chau número tres              

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.


 Viceversa

Tengo miedo de verte

necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte...

martes, 25 de octubre de 2011

Onetti / Benedetti (Correspondencia 1951-1955)


Las cartas intercambiadas entre Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1909-Madrid, 1994) y Mario Benedetti (Paso de los Toros, 1920, Montevideo 2009), estaban en poder del último. En noviembre de 1998 Benedetti las entregó a fin de que fueran depositadas en el Programa de Documentación en Literaturas Uruguaya y Latinoamericana, de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, donde se conservan.
Estas cartas no poseen espesor confesional, en ellas sólo se discute sobre literatura o sobre la vida literaria; por último, la cuidadosa calidad de su escritura expresa una firme conciencia compositiva, la manifestación del placer por el texto más allá de la perentoria comunicación de un mensaje. Una elocuente ironía disparada por Onetti circula en varias comunicaciones: un día la escritura privada se hará pública, se escribe hoy no tanto para decir algo al interlocutor sino para la "gloria". Se escribe para que en el futuro "los cuervos del Instituto de Investigaciones" escudriñen, cubran de bronce, tergiversen las rectas intenciones del creador, según bromea Onetti a principios de 1952 (Carta 4). Con el mismo espíritu lúdico y con no menos ironía, dirá poco después: "No le escribo a usted, sino a la Patria. (Calcule, de aquí a cien años, a los diez de mi muerte, el brillo o punta que pueden sacarle a la frasecita ésa los muchachos del Instituto" (Carta 6). Pudo haber sido más optimista en sus cálculos, porque menos de medio siglo después, y a un lustro y poco de su muerte, se procura sacar alguna "punta" a las frases, socarronas (y no tanto), de este Onetti que, en el fondo, reclamaba perdurar y ser reapropiado como escritor uruguayo.
La cartas van de una orilla a otra del Plata a lo largo de cuatro años exactos: entre la primera mitad de 1951 y el 18 de abril de 1955. Cuando Onetti mandó de Buenos Aires a la capital uruguaya la primera de sus notas, hacía una década que se encontraba radicado en Argentina. Cuando recibió la última que le enviara Benedetti desde Montevideo, faltaba muy pocos meses para que regresara al país de origen. Por eso el epistolario se interrumpe, ya que a partir de mediados del 55 la convivencia en la misma ciudad permite comunicarse en forma más inmediata y directa, si es que eso se llevó a la práctica.
En Madrid se reencontrará con un Benedetti también exiliado, de quien llegó a ser casi vecino, ya que alcanzaron a vivir a poco menos de quince cuadras. Y aunque Onetti no salía de su apartamento, Benedetti llegó a visitarlo allí en más de una ocasión, sobre todo en los últimos años. Quizá no se frecuentaron demasiado en Montevideo, entre 1955 y 1974 (año en que Benedetti se vio obligado a salir del país) ni en la primera etapa del exilio (1974-1980), pero en ese lapso Benedetti escribió varios artículos sobre la narrativa onettiana, reconociéndola siempre como una de las mayores obras de esta América.
El último episodio de esa relación literaria ocurrió en Madrid, en marzo de 1993, cuando Benedetti fue uno de los que presentó la última novela de su amigo: Cuando ya no importe.
En el remoto 1951 Onetti tuvo la iniciativa epistolar. Pero el establecimiento del contacto lo procuró el escritor que residía en Montevideo, quien le envió un ejemplar de su libro Marcel Proust y otros ensayos, publicado aquel año. La respuesta desde Buenos Aires no demoró mucho, porque Onetti tenía una verdadera avidez por estar en diálogo permanente con los jóvenes uruguayos (a quienes llevaba más de diez años), sobre todo los que hacían la revista Número: Idea Vilariño -con la que más tarde tendrá una relación sentimental-, Emir Rodríguez Monegal, Manuel A. Claps, Sarandy Cabrera y, desde luego, Mario Benedetti. Necesitaba estar al tanto de las novedades literarias uruguayas.
En 1951 se sumará Mario Benedetti con la redacción del prólogo a la compilación Un sueño realizado y otros cuentos, editada por Número, una de las motivaciones de esta correspondencia. Cuando estableció su vínculo con el narrador residente en la otra orilla, Benedetti apenas pasaba los treinta años de edad, pero ya daba muestras de la prolífica actividad que hasta hoy lo caracteriza. Ni siquiera había conseguido eco en Buenos Aires, según puede advertirse en la última de las comunicaciones enviadas a Onetti:
Tengo la santa intención (y he preparado el mamotreto) de ofrecer a alguna editorial argentina un volumen de cuentos. Son 15 o 16, la mayoría inéditos, bajo el título y el tema común de Montevideanos. Llevo 7 libros publicados y humildemente debo confesar que estoy podrido de costear mis ediciones (Carta 9).
Con estos antecedentes y, sobre todo, con un conocimiento mutuo que sólo se daba por escrito, los asuntos sobre los que hablan no pasan la raya de lo 'público', salvo cuando se trata de proyectos personales.
Fuera de esto, que no es poco y es lo medular, no había nada privado que tratar entre quienes tuvieron un primer y fugaz encuentro personal a comienzos de los cincuenta en una cervecería del Parque Rodó, según testimonios de Benedetti y de Idea Vilariño. Sólo hablan de literatura -en general de la propia- en un sincero y despojado intercambio de opiniones. Hablan de Número y del semanario Marcha, de la provinciana pero activa vida literaria de Montevideo, de algunas obsesiones, del presente y del futuro.
Hay cosas definidas con nitidez y que desmienten algunos lugares comunes sobre uno y otro escritor. Por ejemplo, la repetida imagen de que Onetti se niega a ingresar en el 'escalafón' y se mueve al margen del mundo. Por otra parte, contra la imagen cercana de un Onetti ermitaño, encerrado en una pieza y ensimismado, hay un escritor aún joven -que oscila entre los 42 y los 46 años- que sabe dialogar con alguien más joven, quien lo respeta sin la previsible veneración que podría llegar de otros, un escritor que participa de la vida cultural, un poco al sesgo, pero que está muy presente aun estando ausente del territorio uruguayo. Benedetti silencia su actividad como poeta. Esto quizá se deba a que los términos del diálogo se hacen con arreglo a la narrativa y el ensayo, tal vez porque considera que Onetti tiene una dudosa 'autoridad' en el género, o una escasa afinidad. Como sea, cifra todas sus esperanzas en convertirse en narrador "definitivo":
Me gusta hacer crítica, pero más, mucho más, me gusta hacer cuentos. No sé si me importa demasiado si haré algún ensayo definitivo de 300 páginas, pero sí me importaría hacer un cuento definitivo de 5, 10 o cualquier número de páginas (Carta 2).
Basta leer sólo una página, un solo párrafo de uno y otro autor para notar las enormes diferencias entre ambos, la singularidad de cada uno. En las cartas comparecen opiniones coincidentes. Los dos conciben, en un sentido muy 'moderno', la separación de funciones: hay narradores por un lado y críticos por otro (Rodríguez Monegal parece ser el modelo uruguayo para los dos); hay buenos y malos escritores; se puede uno entrometer en diversos ejercicios pero siempre habrá una 'verdad' última y honda. Onetti entiende que su destino es el de novelista y cuentista, por lo que se rehúsa a entregar una visión crítica sobre Céline, con quien, evidentemente, no quiere que se lo filie en exceso. Benedetti aspira a convertirse en un narrador y si hace crítica sólo es porque le atrae como una forma subsidiaria de la narrativa, una tarea más del escritor-lector, una versión del "poeta-crítico" que imaginara T. S. Eliot. La práctica de la ironía es otra nota común, aunque con diferentes matices. En Onetti adquiere densidad y elegancia que sirve de estímulo para el otro corresponsal, más afecto al retruécano, la broma punzante, la superposición de la lengua 'culta' con la 'popular'. El humorismo ligero o ingenioso de Benedetti concurre en su prosa de ficción (algo muy aplaudido por Onetti)
Existe, más allá de las ideas básicas compartidas, una fuerte distancia entre los dos escritores. Hay una mirada muy crítica de Onetti hacia la concepción del libro de cuentos sin organicidad y de estructura miscelánea, una condena del mero "juego" que oculta o impide la expresión del pensamiento del autor (a propósito de Esta mañana); está la sospecha sobre el relato que sólo se rige por exigencias formales o "intelectuales" (acerca de Quién de nosotros). Por su lado, Benedetti rechaza la narración ambigua y nebulosa, que esconde o encubre la nítida lógica de los acontecimientos relatados (eso en relación a 'María Bonita' o 'La casa en la arena'). Quizá la mayor disidencia tenga que ver con la visión del mundo que producen las ficciones. Onetti reprocha, al pasar, en una carta de comienzos del 52, que en Esta mañana "la totalidad de los cuentos está chorreando exasperación y un poco de odio" (Carta 4).
A su corresponsal no le pasa inadvertida esta señal: "Acerca de la exasperación y del odio, ya hablaremos. Pero no son inventados. Hay mucho de la vida prójima que huele mal y no puedo evitar que la nariz literaria se me frunza" (Carta 5).
No se habla de política. La ausencia podrá no sorprender a los lectores de Onetti -salvo del último-, pero sí a quienes conocen a un Mario Benedetti.
De todas formas, tanto uno como otro preferían transitar por un mundo de referencias y de interferencias literarias que les pertenecía más que cualquier otro y en el que ya estaban instalados con plena y legítima comodidad.
Click aquí por la correspondencia completa.

Artículos de Emir Rodríguez Monegal, Carlos Real de Azúa y David Viñas
Edición, notas y cronología de Pablo Rocca

domingo, 12 de junio de 2011

Octubre del 67

"Consternados rabiosos", Mario Benedetti.

Vámonos,
derrotando afrentas
Ernesto CHE Guevara

Así estamos
consternados
rabiosos
aunque esta muerte sea
uno de los absurdos previsibles

da vergüenza mirar
los cuadros
los sillones
las alfombras
sacar una botella del refrigerador
teclear las tres letras mundiales de tu nombre
en la rígida máquina
que nunca
nunca estuvo
con la cinta tan pálida

vergüenza tener frío
y arrimarse a la estufa como siempre
tener hambre y comer
esa cosa tan simple
abrir el tocadiscos y escuchar en silencio
sobre todo si es un cuarteto de Mozart

da vergüenza el confort
y el asma da vergüenza
cuando tú comandante estás cayendo
ametrallado
fabuloso
nítido

eres nuestra conciencia acribillada

dicen que te quemaron con qué fuego
van a quemar las buenas
buenas nuevas
la irascible ternura
que trajiste y llevaste
con tu tos
con tu barro

dicen que incineraron
toda tu vocación
menos un dedo

basta para mostrarnos el camino
para acusar al monstruo y sus tizones
para apretar de nuevo los gatillos

así estamos
consternados
rabiosos
claro que con el tiempo la plomiza
consternación
se nos ira pasando
la rabia quedará
se hará más limpia

estás muerto
estás vivo
estás cayendo
estás nube
estás lluvia
estás estrella

donde estés
si es que estás
si estás llegando

aprovecha por fin
a respirar tranquilo
a llenarte de cielo los pulmones

donde estés
si es que estás
si estás llegando
será una pena que no exista Dios

pero habrá otros
claro que habrá otros
dignos de recibirte
comandante.

Montevideo, Octubre de 1967
Che Guevara (Argentina 14 de junio de 1928 La Higuera, Bolivia, 9 de octubre de 1967)

Che
Yo tuve un hermano.

No nos vimos nunca pero no importaba.

Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo,
le tomé su voz
libre como el agua,
caminé de a ratos
cerca de su sombra.

No nos vimos nunca
pero no importaba,
mi hermano despierto
mientras yo dormía,
mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.

Julio Cortázar


Usted perdone, Guevara

Hace un año, cuando Fidel Castro confirmó la muerte de Ernesto Che Guevara, publiqué en la revista Cuba las siguientes líneas:
"El decir está tan gastado que produce pudor reiterarlo. Desde los periodistas con prisa hasta los quiméricos compadritos de Jorge Luis Borges: 'Murió en su ley'. También, no importa el abuso, 'Murió con las botas puestas'.
Pero la porfía del Che, profetizamos, es inmortal. Trepando, desembarazándose de tanta literatura, lágrimas y sentimentalina arrojadas encima de su pecho asesinado, Che Guevara está hoy otra vez -y van tantas- de pie, repartiendo rostros y metralletas entre ansiosos, resueltos checitos nacidos de su muerte y resurrección.
Atravesando palabras inútiles y diagnósticos torcidos. Che Guevara va viniendo, va llegando".
Desde entonces, mucho ha sucedido, mucho se ha publicado sobre el tema; sólo me dieron motivos estéticos para modificar lo anterior. Pero aquí, en Santa María, desde donde escribo, país subdesarrollado, carente aún de 383a a 383b, la gente se está haciendo xenófoba. Reparan en que el Che era argentino, hizo la revolución en Cuba, fue muerto en Bolivia. Para corregir ese error, para no vivir de espaldas a las prepotencias, los tira y afloja (más de lo último), les pido la hora y los aplazamientos que decoran el panorama político de Santa María, vuelvo a copiar y me enmiendo. Alzando la puntería, elijo ahora a Pío Baroja:
"Pueblo de los discretos, espejo de los prudentes, encrucijada de los ladinos, vivero de los sagaces, enciclopedia de los donosos, albergue de los que no se duermen en las pajas, espelunca de los avisados, cónclave de los agudos, sanhedrín de los razonables...".
Es que este don Pío, además de humilde y errante, era un hombre arbitrario y cerrado; la antipatía que le causaban los franceses le hizo olvidar una frase de Chateaubriand:
"Hay cierta época en la que no se debe derrochar el desprecio, a causa del considerable número de necesitados".
Por las eruditas transcripciones:

Juan Carlos Onetti



(Publicado en Marcha, 11-X-68, página 31.)

lunes, 21 de marzo de 2011

Uruguay en Letras

Mario Benedetti escribe,
Montevideo era verde en mi infancia
absolutamente verde y con tranvías...
y el Prado con caminos de hojas secas
y el olor a eucaliptus y a temprano.


La nostalgia se escurre de los libros
se introduce debajo de la piel
y esta ciudad sin párpados
este país que nunca sueña
de pronto se convierte en el único sitio
donde el aire es mi aire...
Juana de Ibarbourou reivindicaba
“la dicha de ser propiedad de una ciudad y de sentirla mi piel, mi sueño chiquito, mi insomnio gigante, mi esperanza de polvo, mi montaña de acontecimientos”.
Alejandro Dumas
Si por la noche, a través de las ventanas abiertas que derraman en las calles torrentes de luz y de armonía, oís el canto de los pianos o los gemidos del arpa, los trinos alegres de las cuadrillas o las notas melancólicas de las romanzas, es que estáis en Montevideo.
Montevideo no es solamente una ciudad; es un símbolo. No es solamente un pueblo; es una esperanza.


Y también Rubén Darío le dedicó algunos de sus versos,
Montevideo, copa de plata
llena de encantos y primores,
flor de ciudades, ciudad de flores,
de cielos mágicos y tierra grata.
Benedetti, describe un itinerario de su adolescencia,
Desde Punta Carretas, al viejo le quedaba relativamente cerca su trabajo. Pero a mí no me ocurría lo mismo con el Liceo Miranda. Tenía que tomar dos líneas de autobús, o un autobús y un tranvía, de modo que, salvo cuando llovía o estaba muy ventoso, prefería regresar a pie. Tomaba por Sierra, Jackson, Bulevar España, 21 de septiembre, Ellauri hasta la Penitenciaria... Alguna que otra tarde cambiaba mi itinerario y venía por Agraciada, Rondeau, hasta la Plaza Cagancha...
Jorge Luis Borges, en su cuento "Avelino Arredondo" publicado en "El libro de arena" en 1975, situó el único magnicidio de la historia del Uruguay ocurrido en Montevideo en 1897, en la puerta del Club Uruguay, a la salida de la Catedral, en la plaza Matriz, cuando mató Arredondo al presidente Idiarte Borda.

"Cada sábado los amigos ocupaban la misma mesa lateral en el Café del Globo, a la manera de los pobres decentes que saben que no pueden mostrar su casa o que rehuyen su ámbito"...
Y hay más: dos gauchos de Cerro Largo protagonizan "El otro duelo", cuento al que Borges atribuye al hijo del escritor uruguayo Carlos Reyles.

Abundó en menciones a "su otra tierra" también en su poesía.
En la "Milonga para los orientales", leemos: "Milonga que este porteño/ Dedica a los orientales,/ Agradeciendo memorias/ De tardes y de ceibales".
Años antes, en su poema "Montevideo", había escrito:
..."Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve./ Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias./ Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas./ Ciudad que se oye como un verso./ Calles con luz de patio".
Click aquí por "el costado oriental de Borges" y Borges y el Uruguay.
Neruda y Atlántida
"...Arenas de Datitla / junto / al abierto estuario / de La Plata, en las primeras / olas del gris Atlántico, / soledades amadas, / no sólo / al penetrante / olor y movimiento / de pinares marinos / me devolvéis / no sólo / a la miel del amor y su delicia, / sino a las circunstancias / más puras de la tierra: / a la seca y huraña / Flora del Mar, del Aire, / del Silencio."
Neruda la renombró como Datitla, y la casa que ocupaban con Matilde Urrutia está ubicada en la Rambla y calle 14.

"Y cuando/ de regreso/ brilló tu boca bajo los pinares/ de Datitla y arriba/ silbaron, crepitaron/ y cantaron/ extravagantes/ pájaros/ bajo la luna de Montevideo, entonces/ a tu amor he regresado/ a la alegría de tus anchos ojos;/ bajé, toqué la tierra/ amándote y amando/ mi viaje venturoso/".
Al puente ondulante de la Barra de Maldonado, en Punta del Este Neruda le escribe, "entre agua y aire brilla el puente curvo/ entre verde y azul las curvaturas"

viernes, 2 de julio de 2010

Mario Benedetti, Onetti y Los teólogos de Borges

Hombre que mira su país desde el Exilio - Mario Benedetti.

País verde y herido
comarquita de veras,
patria pobre

país ronco y vacío
tumba muchacha
sangre sobre sangre.

País lejos y cerca
ocasión del verdugo
los mejores al cepo

país violín en bolsa
o silencio hospital
o pobres artigas.

país estremecido puño
y letra
calabozo y praderas

país ya te armarás
pedazo por pedazo
pueblo mi pueblo,

país que no te tengo,
vida y muerte
cómo te necesito,

país verde y herido
comarquita de veras
patria pobre.

Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1 de julio 1909 - Madrid, 30 de mayo de 1994)

..."Las mentiras, los caprichos, las ganas de esconderme. En mi infancia me escondía a leer en un ropero, ahora lo hago dentro de una cama...
Se puede interpretar como una huida de la vida, búsqueda de refugio, yo qué sé. El Onetti adulto se fue a la cama porque ya no cabía en el armario de su niñez, sólo en esos lugares se vio capaz de seguir la que consideraba regla fundamental del verdadero creador: Quien escribe por necesidad debe buscar dentro de sí mismo, que es el único lugar donde puede buscarse la verdad y todo ese montón de cosas cuya persecución, fracasada siempre, produce la obra de arte. Fuera de nosotros no hay nada, nadie"...

Los teólogos (El Aleph, 1949)


El cuento hoy es "Los teólogos" de el libro "El Aleph" y rescato:

Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella, para no pensar más en ella. Para curarse del rencor que este le infundía, no para hacerle mal.
Pudo olvidarse ese rencor.

¿Jesus es la vía recta que nos salva del laberinto circular?

No hay novedad sin riesgo. Luego reflexionó que la tesis de un tiempo circular era demasiado disímil, demasiado asombrosa, para que el riesgo fuera grave.

Que la historia es un círculo y que nada es, que no haya sido y que no será.

Tampoco hay dos almas y por el pecador más vil es precioso como la sangre que por él vertió Jesucristo.

El tiempo no rehace lo que perdemos, la eternidad lo guarda para la gloria y también para el fuego.

Anhelaban el mismo galardón.
Su duelo fue invisible.

En los libros herméticos está escrito que lo que hay abajo es igual a lo que hay arriba y que lo que hay arriba, igual a lo que hay abajo.

En el Zohar , que el mundo inferior es reflejo del superior.

Imaginaron que todo hombre es dos hombres, y que el verdadero es el otro, el que está en el cielo. También imaginaron que nuestros actos proyectan un reflejo invertido de suerte que si velamos, el otro duerme, si fornicamos, el otro es casto, si robamos, el otro es generoso.

Muertos nos uniremos a él y seremos él.

El tiempo no toleró repeticiones.

No de los que afirman que todo acto se refleja en el cielo.

Cuando quise escribir la tesis de que no hay dos instantes iguales, su pluma se detuvo.

¿Quieres tocar lo que no tocaron las manos? Toca la tierra.

Hacia el principio del segundo crepúsculo el ángel de su guarda le dictó una solución intermedia.
Después ocurrió lo temido, lo esperado, lo inevitable.

Hablar de los monótonos, era hablar de lo ya olvidado.

Buscó los arduos límites, para que lo ayudara la soledad a entender su destino.

Lo sorprendió una noche, hacia el alba, el rumor de la lluvia. Recordó un anoche romana en que lo había sorprendido también, ese minucioso rumor.

El final de la historia sólo es referible en metáforas, ya que pasa en el reino de los cielos donde no hay tiempo.

Conversó con Dios, y este se interesa tan poco por las diferencias religiosas. Ello sin embargo insinuaría una confusión de la mente divina.

Más correcto es decir que en el paraíso para la insondable divinidad él (el ortodoxo y el hereje, el aborrecedor y el aborrecido, el acusador y la víctima) forman una sola persona.

Notas:
1- Espero los relatos, ensayos, o comentarios que les surjan a partir de estas frases.
2- El cuento completo lo obtienen haciendo click sobre los teólogos.
3- Los teólogos, "un sueño más bien melancólico sobre la identidad personal" (Borges, Postfacio de 'El Aleph').